3 de agosto de 2010

Ojarasca, Suplemento de La Jornada

California

Trabajar el

campo ajeno

Cerca de Reedly, en el lado oriental del Valle de San Joaquín, viven tres hombres en un campamento que levantaron bajo los árboles de una huerta abandonada. Una lámina azul enchapopotada y el cartón de una enorme caja desdoblada forman el techo. Los colchones de sus camas se asientan sobre bastidores de embalaje, o bajo un arbusto aledaño. Uno de los hombres hizo una muñeca de paja que, sentada en la rama de un árbol muerto, vela por encima del campamento.

Humberto viene de Zihuatanejo. Pedro, que usa un arete en la oreja, viene de Hermosillo. Ramiro viene de un poblado pequeñito en la selva Lacandona de Chiapas, como a la mitad del camino entre Tapachula en la costa y Palenque.

Ninguno de los hombres ha trabajado más de unos cuantos días en los últimos varios meses. Los “raiteros” (gente con camionetas que le dan aventón a los jornaleros que van a los campos de labor) no los recogen, porque dicen que viven con los vagabundos. Pero ellos tienen sus bicicletas para transportarse.

Los tres enviarían dinero a sus familias si pudieran, pero ni siquiera tienen lo suficiente para pagar la renta, razón por la cual viven bajo los árboles. El ranchero que es dueño de la tierra abandonó la huerta donde ellos duermen. Hay otros muchos campos en el área que también están abandonados.

No muy lejos vive Erica con dos hermanos, Fernando y Vladimir, en una barraca de tablones que construyeron junto a un campo de zacate limón y a otro campo con árboles abandonados. Rodeada por varios perros y sus cachorros, la barraca es pequeña y apenas tiene espacio para un colchón. Ellos tampoco tienen trabajo y durante el día arman un rompecabezas —una imagen religiosa.

El trío solía vivir también bajo los árboles. Después de que le dijeron al ranchero que algunos extraños le habían robado el zacate limón de su campo, les dio permiso para construir la barraca y le dijo al sherif local que no los molestara.

Fernando y Vladimir también son de Zihuatanejo, Guerrero. Erica nació en Estados Unidos pero sus papás son migrantes huicholes de la Sierra de Nayarit. Erica trae puesta una camiseta del Censo de Estados Unidos. Vladimir trae una gorra del Censo que les dio Jorge Sanjuan, un extensionista que encuentra a la gente que vive en los campamentos informales, y se asegura de que el Censo los contabilice.



Fotos y texto David Bacon